A @piador no le gustaban las clases de canto. ¿Para qué necesitaba aprender solfeo? Cantar era cantar y él podía hacerlo mejor que nadie. El problema era que no le dejaban. En el bosque del valle, los pájaros grandes ocupaban las ramas más altas, en las que el sonido se conseguía proyectar hacia todos lados. Cualquier intento por posicionarse en alguna de ellas acababa irremediablemente con una reprimenda y el desalojo inmediato. @piador, como el resto de polluelos, debía contentarse con cantar en el frío suelo, desde donde sus voces no ascendían más allá de unos tristes metros, silenciadas por las frondosas copas de los árboles. ¡Y para colmo debía perder el tiempo en la escuela!
Aquel día de primavera, los mayores piaban desde lo alto y su melodía se extendía por toda la #redcoral que recorría el bosque de rama en rama. @piador, cansado de sentirse ignorado, decidió hacer novillos en clase de canto y se alejó volando hasta los límites del valle, donde descubrió una solitaria carretera, con el firme agrietado y una montaña de viejo material de obra junto a la cuneta. Entre toda aquella chatarra, a @piador le llamó la atención un montón de conos con brillantes franjas blancas y anaranjadas. No tardó en descubrir que cuando piaba desde el agujerito que había en la punta, por el otro extremo, su canto salía amplificado. Enseguida comprendió la utilidad de aquel nuevo artefacto y con gran esfuerzo se las arregló para transportarlo hasta el bosque.
A la mañana siguiente, se levantó temprano para probar su nuevo juguete. Volvió a hacer novillos en la escuela y esperó hasta que los mayores se encontrasen en lo alto, cantando desde sus privilegiadas ramas al unísono. Entonces, llevó su pico hasta la punta del cono y apuntando hacia el cielo, cantó con todas sus fuerzas.
Pocos minutos después, el resto de polluelos, sus compañeros de clase, habían abandonado la escuela y se habían acercado hasta donde se encontraba. También los mayores habían descendido desde las ramas altas para investigar de donde venía aquella joven voz inexperta que cantaba por encima de ellos. @piador estaba rodeado por todos los pájaros del bosque que le miraban curiosos y asombrados. ¡Nunca antes se había sentido mejor! Continuó cantando con todas sus fuerzas sin preocuparse siquiera de fallar alguna nota o de que se le escapase algún gallo. Los mayores negaron con la cabeza y regresaron a sus ramas en las alturas. Sólo algunos de ellos permanecieron abajo, sorprendidos ante las posibilidades que tenía aquel artefacto. Cuando @piador terminó su recital, contestó con gusto a las preguntas de todos los que se habían quedado a escucharlo. ¡Cómo le gustaba la fama que acababa de conseguir! ¡Y qué bien que durmió aquella noche!
Al día siguiente se permitió el lujo de levantarse algo más tarde. Tranquilamente, pasó de largo la escuela y se dirigió hacia su cono mientras calentaba la voz y se imaginaba los grandes días de gloria que estaban por llegar. ¡Iba a ser el mejor cantante de la historia! Una vez junto al cono, esperó de nuevo paciente a que los mayores iniciasen su recital desde las alturas. Cuando así ocurrió, volvió a meter su pequeño pico en el extremo del cono y cantó con todas sus fuerzas.
Su voz, amplificada por el cono, ascendió a través de las copas de los árboles y se unió a la armónica melodía de los mayores. Pero de pronto, una nueva voz inexperta se unió al coro. Y otra más. Y otra. @piador vio como en un momento, cientos de voces se unían al canto, una por encima de la otra, todas pisándose mutuamente, luchando por destacar, cada vez más fuerte, convirtiendo lo que instantes antes había sido una compacta música en una horrible cacofonía.
Los mayores bajaron de nuevo desde las ramas altas y se situaron junto a @piador. Mientras lo miraban con reprobación, se acercó volando el profesor de la escuela de canto. Todos sus alumnos habían faltado a clase, explicó. Los pequeños polluelos se habían acercado hasta la carretera y cada uno de ellos se había hecho con su propio cono. Ahora, todos cantaban a su aire, desde el suelo, sin orden ni ritmo alguno, y gracias a los conos, sus voces retumbaban por todo el valle y convertían la #redcoral en una #marañacoral.
Desconcertados, los mayores no regresaron a las ramas altas. Ya no tenía sentido. El pequeño ecosistema de aquel tranquilo bosque del valle había cambiado para siempre.
Notas de producción
El anterior texto surge de plantearme los usos y abusos que en mi limitada experiencia he encontrado en la red de Twitter. Desde mi humilde opinión, ha quedado probada su utilidad en casos tan conocidos como la reciente revolución en Egipto o el terrible terremoto de Haití del pasado año. Pero cuando me dispongo a realizar una búsqueda de un tema que me interesa a través de sus posibles hashtags, me encuentro irremediablemente con un altísimo porcentaje de información repetida o que no aporta nada, lo que me lleva a a plantearme preguntas del tipo: ¿Compensa el poco espacio que ocupa la información útil con la inmensidad que desaprovecha la que es inútil? ¿Hasta dónde es legítima la libertad de exposición que nos proporciona este nuevo tipo de comunicación y cuál es su precio? En todas las hipotéticas respuestas que se me ocurren, siempre aparece la palabra ‘responsable’.

Otra gran fábula. Tienes razón, pero no solo twitter. La red cada vez está más llena de información "fotocopiada". Eso no sería del todo malo si sólo se copiara la información seria y corroborada, pero aquí se copia todo sin verificar nada. En fin, cualquier día nos darán la noticia de un colegio donde los alumnos de cuarto de eso entregaron el mismo trabajo de historia, con las mismas faltas de ortografía y las mismas sandeces (por poner un ejemplo)
ResponderEliminarSaludos
Muchas gracias por tu comentario, Wambas.
ResponderEliminarEso de presentar el mismo trabajo, con los mismos errores, no me suena tan desconocido, jejeje. Al menos, antaño, te tenías que molestar en escribirlo de tu puño y letra, y quisieses o no, sólo por hacerlo, algo acababas aprendiendo (oh, dios mío! Empiezo a hablar como una personas mayor XD).
Saludos.
jajaja, estoy de acuerdo. La gente no tiene una opinión propia en casi nada, de hecho, si escuchas a unos y a otros, verás que se tiende a repetir lo que se oye o se lee (si es que se lee algo en este miserable pais). Yo mismo confieso que he sido muy dado a repetir como una cacatua los comentarios mediáticos. Pero al menos soy consciente de mi defecto e intento corregirlo leyendo y escuchando a diferentes partes, intentando empatizar y entender. Y cuanto más escucho también me doy más cuenta que hay mucho imbécil suelto hablando por ahí (espero no ser yo uno de ellos sin darme cuenta)
ResponderEliminarSaludos