jueves, 13 de agosto de 2009

Viajar en avión


No se trataba de que le desagradasen los viajes en avión por un tema de seguridad. Cuando el avión botaba o bajaba, bruscamente, de altitud, se le encogía el estómago como a cualquier otro; pero eso no era más desagradable que toparse con un alocado al volante que adelantase en línea continua o un desconsiderado que apoyase los pies calzados sobre los asientos de enfrente, en el compartimento del tren. No. Lo que le desagradaba de los viajes en avión era el nombre.

Cuando, varias semanas atrás se encontraba parado en un semáforo, de camino al trabajo, se preguntaba sobre lo absurdo que sería morir en un accidente de tráfico. En un tiempo muerto en el que utilizas un vehículo para trasladarte de un sitio, donde has estado haciendo cosas, a otro en el que vas a hacer cosas. Pero entre medias: nada. O la muerte, con algo de mala suerte.

Un viaje no significaba eso. Cuando uno emprendía un viaje, una variable incierta pasaba a formar parte de la ecuación. No importaba que creyeses poder encerrar en un sustantivo el lugar al que te dirigías, porque el viaje iba mucho más allá: a lo desconocido. Generalmente y, al final, tan cercano a uno mismo que lo llevaba dentro sin saberlo.

Por ese motivo, no utilizaba nunca la expresión "viaje en avión". ¿Qué tenía de viaje el estar encerrado en un supositorio, rodeado de gente con prisa por llegar, donde el contacto humano se reducía a la mera practicidad de las palabras "abróchense los cinturones" y donde cualquier conversación coloquial estaba motivada por la ansiedad de no saberse hecho para volar?

No nos debe extrañar, entonces, que cuando el gerente del hotel le preguntó, con marcado acento oriental y sin más intención que la de ser cortés, si había viajado en avión desde España, se mostrase visiblemente molesto y contestase de mala gana: "No, no he viajado en avión. Me he desplazado en avión -enfatizó a la palabra "desplazado" con un tono didáctico despectivo-. El viaje comienza ahora".

No hay comentarios:

Publicar un comentario