En el 69 subí por primera vez a la luna. Allí me quedé.Desde entonces me han dicho que la guerra fría acabó, que la revolución en las telecomunicaciones dio paso a un fenómeno llamado globalización, que los buenos han cambiado de istas, de los comun a los terror, que todo va cada vez más y más deprisa y que se está produciendo un cambio climático que se va a cargar el planeta. Y ante tal avalancha de acontecimientos, yo me pregunto: ¿será verdad? Y me propongo buscar aquí, en la luna, los restos del módulo lunar y la bandera ondeante; a ver si es cierto que los americanos llegaron a la Luna y que la Tierra se va a ir al carajo.
Llego al mar de la tranquilidad y no encuentro nada. Bueno, el Mare Tranquillitatis tiene casi 900 kilómetros de diámetro, quizá no sea tan fácil encontrarlos. Me siento sobre el polvo lunar y miro al cielo. Entonces, lo entiendo todo.
No hace falta subir a la Luna para estar en la luna. Poco importa si el Apollo 11 alunizó realmente, porque los que estábamos destinados a ello sí lo hicimos. Ahora, ante la majestuosa vista que tengo delante, me siento tan hermosamente insignificante que tomo una decisión: voy a dejar de buscar el módulo lunar. Será un paso insignificante para la humanidad pero un gran paso para mí.
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