domingo, 5 de diciembre de 2010

Su prejuicio, gracias.


Don Jesús requirió de nuevo al camarero para que le activase la máquina de tabaco. Le había escupido las monedas y le pedía el importe exacto por falta de cambio. No acababa de entender la necesidad de aquellas medidas de control, lo único que conseguían era dificultar el proceso para sus poco duchas manos. Tras un nuevo intento, la máquina le comunicó amablemente que el producto escogido se encontraba agotado y el bueno de Don Jesús se resignó a fumar de prestado en la oficina.

Ya llegaba tarde. Se había pedido un par de horas por asuntos propios. Papeleos que le habían obligado a madrugar más de lo corriente y que eran la causa de que a aquellas horas avanzadas de la mañana, todavía no estuviese al corriente de las últimas noticias deportivas. Mientras lidiaba con la máquina de tabaco, había escuchado a loscontertulianos del bar hablando sobre el equipo rival. “¿Has oído lo del Fútbol ClubPandemónium?”, decían. “Sí. ¡Qué escándalo!”, contestaban.

Al llegar al edificio de la empresa, se metió con la marabunta en el ascensor y de nuevo escuchó los comentarios de diferentes compañeros de distintas plantas. “¿Has visto lo que han hecho los del Fútbol Club Pandemónium? Ya se creen con derecho a todo”. “Sí. ¡Qué escándalo!”. Y notó como la impaciencia le hervía la sangre. En aquellos tiempos de inmediatez mediática, uno ya no podía ni ausentarse dos horas para arreglar papeles en el banco sin quedarse desfasado informativamente.

En cuanto accedió a su puesto, se precipitó a abrir la web de su medio afín para ponerse al día. Nada más cargar la página, pudo leer el titular en fuente mayusculada, sin serifa y tamaño monstruo: ¡ESCÁNDALO! Se dejó caer en la silla y digirió la información en doce centésimas de segundo. Afortunadamente, en aquellos tiempos de inmediatez ya no era necesario leer mucho más. Los medios se preocupaban de ofrecerte el producto acabado, el juicio, preparado para su consumo, más fácil que sacar tabaco de la máquina.

Don Jesús se acercó hasta el patio de fumadores. Allí estaba Don Alfredo, al que le pidió un cigarrillo. “Por supuesto”, le contestó éste, “para eso estamos los compadres. Por cierto, ¿te has enterado de lo del Fútbol Club Pandemónium?”. “Sí”, respondió Don Jesús con seguridad, “¡Qué escándalo!”.

1 comentario:

  1. Esta claro. El periodismo en algunos sitios esta corrupto.

    Me gustaría escuchar/leer la misma conversación del post, hablando del trocito de tierra en forma de triangulo que linda con el mar mediterráneo. Que mentiras contarán y se creerán.

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