jueves, 3 de febrero de 2011

El pirata Sind y los gamusinos



El pirata Sind se sonrió. Mientras oteaba la línea del horizonte desde la proa de su bergantín, revivió el abordaje del galeón de la Compañía. Había sido una gran operación y regresaba con la bodega repleta de gamusinos.

A la gente le gustaban los gamusinos, sobre todo a la hora del té, pero la Compañía contaba con el monopolio de su distribución. Era la Compañía la que se encargaba de comprar la producción de gamusinos a los granjeros locales, por una miseria, para luego transportarlos hasta las islas cercanas, donde los metían, uno por uno, en una bonita caja con un lazo. Después, regresaban con el gamusino empaquetado y se lo vendían a la gente a precios elevados. Era durante el trayecto de ida cuando el pirata Sind aprovechaba para asaltar las embarcaciones y hacerse con el botín. Gamusinos frescos que devolvía a la gente a precios más razonables, sin cajas, lazos ni aspavientos. Sólo gamusinos.

«Al pueblo, lo que es del pueblo», se dijo desde la proa, y agrandó su torcida sonrisa a la vista de tierra en la línea del mar. Por supuesto, lo hacía por el dinero, pero gustaba de considerarse un justiciero popular.

Una vez hubo atracado en la bahía, se descolgó hasta el pequeño bote y se acercó hasta la orilla, donde montó el improvisado tenderete. Nunca bajaba los gamusinos a tierra, la gente que se acercaba a por ellos realizaba su pedido desde la playa. Luego, el pirata Sind se acercaba hasta su bergantín con el bote y regresaba con el pedido. Un proceso algo tedioso para los clientes que esperaban en la arena. Era el pequeño inconveniente a pagar por sus reducidos precios. Al tratarse de una actividad ilegal, tenía que estar preparado para recoger con rapidez y trasladarse a una nueva bahía antes de ser atrapado. Aunque tenía margen de maniobra, la Compañía solía tardar bastante en rastrear desde dónde se estaban distribuyendo los gamusinos robados y, para cuando lo hacían, ya solía haber vaciado la bodega.

Sin embargo, aquel día, nadie se acercó hasta la playa y, tras largas horas de espera, el pirata Sind decidió dejarse caer por el pueblo para descubrir el motivo. No tardó en encontrar a toda la gente reunida en la plaza, departiendo alegremente, cantando, o simplemente tomando un té en las mesas dispuestas para la ocasión. Todos llevaban un gamusino en la mano.

—¿Qué ocurre aquí? —Preguntó el pirata Sind a Ramón, un chupatintas de la Compañía que curiosamente era uno de sus mejores clientes. Llevaba cinco gamusinos en una bolsa.

—¿No te has enterado? —Le indicó—. Los granjeros se han unido a una nueva iniciativa, han formado una cooperativa y ahora venden sus gamusinos directamente al pueblo. ¡Por una cuota mensual! ¿Te lo puedes creer? A granel, sin cajas, sin intermediarios. ¡Sólo gamusinos! Justo lo que la gente quiere.

—¿Y de cuánto es esa cuota? —Quiso saber el pirata.

Ramón, el chupatintas, se lo dijo.

—Pero eso es algo más caro que mi precio —dijo el pirata balbuceando. Era cierto, el precio era muy barato si lo comparaba con las cajas enlazadas que vendía la Compañía pero, aún así, superior al suyo. No entendía por qué nadie había acudido a la playa.

El chupatintas pareció darse cuenta de la decepción del pirata.

—Así no me tengo que preocupar en bajar a buscarlo a la bahía y esperar a que lo descargues del barco —dijo con cierto tono consolador—, me lo traen a casa. Además, si se me gasta durante el mes, me dan otro. Me aseguro de tener siempre un gamusino disponible.

El pirata Sind entendió que aquello representaba el fin de su negocio. Con aquella nueva forma de comercio no iba a poder competir, los granjeros por fin se habían dado cuenta de que las cosas podían hacerse de otra manera. Desplegó su torcida sonrisa al darse cuenta de que aquello también iba a suponer el fin del monopolio de la Compañía y silbando la canción del grumete feliz se acercó hasta el centro de la plaza a pagar por su gamusino.


4 comentarios:

  1. Otro ingenioso relato, muy bueno. Los monopolios y abusos acaban mal. Los intermediarios eran una parte positiva del negocio cuando tenían una función, pero en el momento que se convirtieron en meros especuladores no son más que un estorbo. Un saludo

    ResponderEliminar
  2. Muchas gracias por tu fidelidad, Wambas. No tengo grandes aspiraciones con mi blog, sólo es un pasatiempo, pero me es muy grato comprobar que hay gente que se pasa por aquí de vez en cuando :)

    Totalmente de acuerdo con el calificativo de 'especulador'. Es una lástima que por miedos o por falta de visión, ciertas industrias estén dejando pasar las oportunidades que el formato digital ofrece hoy en día y quieran desviar la atención hacia el consumidor. En mi opinión, la piratería no se debe (no se puede) evitar, la lucha está en conseguir que no valga la pena, y la batalla no pasa por demonizar a los internautas que descargan contenidos ilegales sino en establecer nuevos modelos de negocio que cubran el hueco que la industria tradicional no es capaz de llenar (léase iniciativas como spotify o netflix).

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  3. brillante.
    me gusta lo que he leído,me parece bueno, reflexivo y entretenido.sigue así.

    ResponderEliminar
  4. Muchas gracias spyfou por tu visita y tu comentario. Pásate por aquí siempre que quieras ;)

    ResponderEliminar