lunes, 16 de enero de 2012

2 formas de orinar sobre el trabajo propio



McClane

A McClane, 23 años, marine en Afganistán, se le ocurrió que la ruta más probable de escape de los supuestos talibanes, sería por el callejón. Así que se enfiló hasta la azotea de un edificio adyacente, montó su fusil de francotirador y esperó pacientemente a que apareciese alguien con turbante. En ese momento, alfa llamó a bravo y tras el intercambio de mensajes y el permiso ordinario, descerrajó tres tiros, uno por cada turbante que asomó.

Una vez abajo, McClane se reunió con otros cuatro compañeros, en torno a los cadáveres. Alguien dijo «good job, bro», sacó una lata de un famoso refresco y se la ofreció. McClane la bebió entera de un largo trago antes de eructar y darse cuenta de que llevaba horas sin mear. Miró los cadáveres ensangrentados, se bajó la bragueta de camuflaje y mientras orinaba sobre el trabajo que acababa de realizar, invitó a sus compañeros a hacer lo mismo. «Join me, dudes», les dijo. Tres de ellos lo imitaron. El cuarto exclamó «wait, wait, this is awesome, yo», al tiempo que sacaba su móvil para grabarlo en vídeo.


Jean-Pierre

A Jean-Pierre, 17 años, sobreviviente del terremoto de Haití, se le ocurrió  que podía utilizar las ruedas de lo que algún día fueron carritos en un supermercado, para transportar las heces y orines hasta la fosa séptica más cercana, a apenas un par de horas de caminata desde allí, y así ayudar a frenar los continuos brotes de cólera. Recogiendo material de los escombros, construyó una plataforma con cuatro agujeros, improvisó con planchas de desechos unos separadores que dieran cierta intimidad y debajo, situó los cuatro cubos más grandes que pudo encontrar. Ató los carritos como si de vagones de tren se tratasen, y se ofreció para hacer el primer viaje hasta la fosa séptica a vaciar los cubos.

Los vecinos que malvivían por la zona, se acercaron a ver las nuevas letrinas. Jean-Pierre los invitó a utilizarlas, pero todos convinieron que debía ser él quien las estrenase. Por si ayudaba a estimularlo, alguien le ofreció un abollado cazo metálico con algo de agua en su interior, agua que seguramente le había costado una caminata de más de seis horas. Jean-Pierre la tomó agradecido, se acercó hasta el segundo agujero y tras descubrirse y hacer algo de fuerza, orinó sobre el trabajo que acababa de realizar.


Referencias:


2 comentarios:

  1. ¿Y para qué quieres un retrete cuando se tiene el cadáver de un talibán?
    Saludos

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    1. Hola, Wambas. La verdad es que tenía un montón de dudas sobre si publicar este post por lo delicado del tema, pero tienes toda la razón. Me pareció muy acertada esta viñeta de Erlich en El País: http://www.elpais.com/vineta/?d_date=20120113&autor=Erlich&anchor=elpporopivin&xref=20120113elpepuopi_1&type=Tes&k=Erlich
      Gracias por leer :)

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