lunes, 9 de enero de 2012

Los recortes de la Sastrería Soberano




Vicente era el propietario de la Sastrería Soberano desde hacía poco más de treinta años. Anteriormente, había pertenecido a un viejuno que dedicó la mayor parte de su vida a confeccionar sotanas para la santa iglesia, pero Vicente supo dar la vuelta a aquel negocio en decadencia y encontrar nuevos mercados en el sector del espectáculo. Su mejor cliente, El Circo del Bienestar, era una compañía de ámbito nacional de gran prestigio y proyección, cuyo número estrella era una serie de ejercicios de equilibrismos imposibles. Cada año renovaban por completo su vestuario, lo que suponía grandes beneficios para Vicente.

Sin embargo, aquella época eran tiempos duros para la Sastrería Soberano. Las partidas textiles de la lycra que se utilizaba para la confección de las prendas más delicadas, las de los equilibristas, se habían visto asaltadas reiteradamente en su viaje desde occidente por un grupo de piratas que decían llamarse Los Rompedores de la Calle Muro. La consecuencia era una alarmante escasez de materia prima y Vicente había confiado a José y a Pepe, sus principales capataces en la sastrería, la solución al problema.

José había sido el encargado de la confección para El Circo del Bienestar durante los últimos años. Ya llevaba avisando desde hacía meses del problema de falta de lycra, y su solución pasaba por un «rediseño de los patrones de confección para un mejor aprovechamiento de la escasa tela con la que contaban». En otras palabras, y según Pepe, firme opositor a esta medida: en aplicar recortes a la calidad de las prendas que producían. Los modelos que surgieron bajo la supervisión de José no gustaron nada al cliente, que se quejó ante lo extravagante del material. ¿Cómo pretendían que los equilibristas se enfundaran una malla con la pernera izquierda más larga que la derecha? Vicente no tuvo más remedio que suspender a José de su responsabilidad y nombrar a Pepe como nuevo encargado de su principal cliente.

Tras varios días de relativo trabajo, Vicente volvió a reunirse con sus dos capataces y preguntó: «¿Y bien? ¿Cuál es la solución?». Pepe desplegó los nuevos bocetos que había diseñado y trató de explicar con difusas palabras que la falta de lycra era más aguda de lo que había imaginado y que la solución pasaba por un «rediseño de los patrones de confección para un mejor aprovechamiento de la escasa tela con la que contaban». «Pero si es lo que propuse yo», protestó José. «No», respondió Pepe, «tu propuesta tenía la pernera izquierda más larga que la derecha, lo cuál no gusta al cliente, y como puedes ver aquí, en mi modelo, es la pernera derecha la que es más larga». Vicente se llevó la mano a la cabeza y con la mirada baja, se preguntó si no debería despedir a los dos.

«Quizás algún día lo haga», dijo. «Quizás, algún día…»

2 comentarios:

  1. Cuánto material de inspiración le debes a la realidad, hijo mío. Y qué bien la aprovechas.
    Pero cuidadín, que la tijera del censor puede afilarse en cualquier momento!
    M.Guilera

    ResponderEliminar
  2. Gracias, M. Si la tijera del censor se pone tonta, la invitaremos cortesmente a ser protagonista de alguna historia de este blog :)

    ResponderEliminar