Fotografía: http://www.sxc.hu/photo/649809
lunes, 13 de febrero de 2012
Κυεντο δε βανιδαδ (Cuento de vanidad)
Fotografía: http://www.sxc.hu/photo/649809
jueves, 9 de febrero de 2012
Los 4 poderes del estado
domingo, 5 de febrero de 2012
Alfredito, elegido delegado
miércoles, 1 de febrero de 2012
Educación inCívica y antiConstitucional
domingo, 29 de enero de 2012
Limonair, negocio insostenible
- El País: El fiasco de la aerolínea catalana
- El Mundo: El Govern se desvincula de toda responsabilidad sobre el futuro de Spanair
- Spanair en la Wikipedia
jueves, 26 de enero de 2012
Paquito, no culpable
Referencias:
viernes, 20 de enero de 2012
Y de postre... SOPA
Referencias:
- Si la ley SOPA hubiese existido hace 10 años...
- Álex de la Iglesia: «¿Qué pasa ahora con los contenidos legales de Megaupload?
- Anonymous replica al cierre de Megaupload atacando webs del Gobierno
- Google Noticias - del 16/01/2012 al 20/01/2012: SOPA
lunes, 16 de enero de 2012
Familia de rocas condenada por provocar hundimiento de crucero
2 formas de orinar sobre el trabajo propio
Referencias:
- Cuando la supervivencia depende de un retrete
- EE UU investiga un vídeo en el que marines orinan sobre talibanes muertos
- Google Noticias - semana del 09/01/2012 al 15/01/2012: marines orinar afganistán
- Google Noticias - semana del 09/01/2012 al 15/01/2012: haití terremoto aniversario
lunes, 9 de enero de 2012
Los recortes de la Sastrería Soberano

Vicente era el propietario de la Sastrería Soberano desde hacía poco más de treinta años. Anteriormente, había pertenecido a un viejuno que dedicó la mayor parte de su vida a confeccionar sotanas para la santa iglesia, pero Vicente supo dar la vuelta a aquel negocio en decadencia y encontrar nuevos mercados en el sector del espectáculo. Su mejor cliente, El Circo del Bienestar, era una compañía de ámbito nacional de gran prestigio y proyección, cuyo número estrella era una serie de ejercicios de equilibrismos imposibles. Cada año renovaban por completo su vestuario, lo que suponía grandes beneficios para Vicente.
miércoles, 4 de enero de 2012
Las piruletas de Iñaki

El padre de Iñaki era el tendero del barrio. De entre toda la variedad de productos que exponía en su colmado, había uno que llamaba especialmente la atención, sobre todo a los ojos de los niños que asomaban sus narices por encima del mostrador: un enorme cubo de plástico transparente repleto de piruletas. Iñaki tampoco era inmune a tan dulce reclamo y, pese a que su padre le había dicho «siempre que quieras una, sólo tienes que pedírmela», se le hacía la boca agua cada vez que regresaba de la escuela y pasaba por el lado del tentador cubo.
Una tarde, tras las clases, regresaba con su amigo Eltrepa y al despedirse frente al colmado, éste le dijo: «Oye, Iñaki, ¿te atreverías a meter la mano en el cubo de las piruletas?» Lo cierto era que Iñaki siempre había sido un niño echado para adelante, competitivo en los partidillos de fútbol en el recreo y que gustaba de considerarse valiente. No se paró a pensar en la necesidad que tenía de agarrar unas cuantas piruletas, sino en el desafío que Eltrepa le acababa de proponer. «Pues claro que me atrevo», respondió, «tú distrae a mi padre». Pocos minutos más tarde, los dos niños estaban a la vuelta de la esquina, repartiéndose el botín. Cinco piruletas para Iñaki y tres para Eltrepa, las que le habían entrado en el puño.
Aquella misma tarde, Iñaki estaba en su habitación, intentando justificar lo que había hecho. Su padre le daba una piruleta cada vez que la pedía, por tanto, reunir cinco era tan sólo una cuestión de tiempo. Meter la mano en el cubo sólo había adelantado acontecimientos, no le había dado nada que tarde o temprano no pudiese conseguir. De la misma forma, si en vez de un puño, cogía dos, tampoco supondría una gran diferencia. Incluso, pensó, si proponía a su padre ayudarlo a rellenar el cubo con las cajas que había en el almacén, podría apartar alguna de vez en cuando. Además, argumentó, podría vender parte de esa caja en clase. Total, no se iba a comer una caja entera de piruletas él solo, y así podría sacar algo de dinero que ya no tendría que pedir a su padre. Aunque para eso, decidió, iba a necesitar ayuda para distribuir las piruletas. Tenía que contarle la idea a Eltrepa.
miércoles, 13 de abril de 2011
Tecnologías de la Desinformación
miércoles, 9 de marzo de 2011
@piador y la #redcoral
A @piador no le gustaban las clases de canto. ¿Para qué necesitaba aprender solfeo? Cantar era cantar y él podía hacerlo mejor que nadie. El problema era que no le dejaban. En el bosque del valle, los pájaros grandes ocupaban las ramas más altas, en las que el sonido se conseguía proyectar hacia todos lados. Cualquier intento por posicionarse en alguna de ellas acababa irremediablemente con una reprimenda y el desalojo inmediato. @piador, como el resto de polluelos, debía contentarse con cantar en el frío suelo, desde donde sus voces no ascendían más allá de unos tristes metros, silenciadas por las frondosas copas de los árboles. ¡Y para colmo debía perder el tiempo en la escuela!
Aquel día de primavera, los mayores piaban desde lo alto y su melodía se extendía por toda la #redcoral que recorría el bosque de rama en rama. @piador, cansado de sentirse ignorado, decidió hacer novillos en clase de canto y se alejó volando hasta los límites del valle, donde descubrió una solitaria carretera, con el firme agrietado y una montaña de viejo material de obra junto a la cuneta. Entre toda aquella chatarra, a @piador le llamó la atención un montón de conos con brillantes franjas blancas y anaranjadas. No tardó en descubrir que cuando piaba desde el agujerito que había en la punta, por el otro extremo, su canto salía amplificado. Enseguida comprendió la utilidad de aquel nuevo artefacto y con gran esfuerzo se las arregló para transportarlo hasta el bosque.
A la mañana siguiente, se levantó temprano para probar su nuevo juguete. Volvió a hacer novillos en la escuela y esperó hasta que los mayores se encontrasen en lo alto, cantando desde sus privilegiadas ramas al unísono. Entonces, llevó su pico hasta la punta del cono y apuntando hacia el cielo, cantó con todas sus fuerzas.
Pocos minutos después, el resto de polluelos, sus compañeros de clase, habían abandonado la escuela y se habían acercado hasta donde se encontraba. También los mayores habían descendido desde las ramas altas para investigar de donde venía aquella joven voz inexperta que cantaba por encima de ellos. @piador estaba rodeado por todos los pájaros del bosque que le miraban curiosos y asombrados. ¡Nunca antes se había sentido mejor! Continuó cantando con todas sus fuerzas sin preocuparse siquiera de fallar alguna nota o de que se le escapase algún gallo. Los mayores negaron con la cabeza y regresaron a sus ramas en las alturas. Sólo algunos de ellos permanecieron abajo, sorprendidos ante las posibilidades que tenía aquel artefacto. Cuando @piador terminó su recital, contestó con gusto a las preguntas de todos los que se habían quedado a escucharlo. ¡Cómo le gustaba la fama que acababa de conseguir! ¡Y qué bien que durmió aquella noche!
Al día siguiente se permitió el lujo de levantarse algo más tarde. Tranquilamente, pasó de largo la escuela y se dirigió hacia su cono mientras calentaba la voz y se imaginaba los grandes días de gloria que estaban por llegar. ¡Iba a ser el mejor cantante de la historia! Una vez junto al cono, esperó de nuevo paciente a que los mayores iniciasen su recital desde las alturas. Cuando así ocurrió, volvió a meter su pequeño pico en el extremo del cono y cantó con todas sus fuerzas.
Su voz, amplificada por el cono, ascendió a través de las copas de los árboles y se unió a la armónica melodía de los mayores. Pero de pronto, una nueva voz inexperta se unió al coro. Y otra más. Y otra. @piador vio como en un momento, cientos de voces se unían al canto, una por encima de la otra, todas pisándose mutuamente, luchando por destacar, cada vez más fuerte, convirtiendo lo que instantes antes había sido una compacta música en una horrible cacofonía.
Los mayores bajaron de nuevo desde las ramas altas y se situaron junto a @piador. Mientras lo miraban con reprobación, se acercó volando el profesor de la escuela de canto. Todos sus alumnos habían faltado a clase, explicó. Los pequeños polluelos se habían acercado hasta la carretera y cada uno de ellos se había hecho con su propio cono. Ahora, todos cantaban a su aire, desde el suelo, sin orden ni ritmo alguno, y gracias a los conos, sus voces retumbaban por todo el valle y convertían la #redcoral en una #marañacoral.
Desconcertados, los mayores no regresaron a las ramas altas. Ya no tenía sentido. El pequeño ecosistema de aquel tranquilo bosque del valle había cambiado para siempre.
Notas de producción
El anterior texto surge de plantearme los usos y abusos que en mi limitada experiencia he encontrado en la red de Twitter. Desde mi humilde opinión, ha quedado probada su utilidad en casos tan conocidos como la reciente revolución en Egipto o el terrible terremoto de Haití del pasado año. Pero cuando me dispongo a realizar una búsqueda de un tema que me interesa a través de sus posibles hashtags, me encuentro irremediablemente con un altísimo porcentaje de información repetida o que no aporta nada, lo que me lleva a a plantearme preguntas del tipo: ¿Compensa el poco espacio que ocupa la información útil con la inmensidad que desaprovecha la que es inútil? ¿Hasta dónde es legítima la libertad de exposición que nos proporciona este nuevo tipo de comunicación y cuál es su precio? En todas las hipotéticas respuestas que se me ocurren, siempre aparece la palabra ‘responsable’.
jueves, 3 de febrero de 2011
El pirata Sind y los gamusinos

martes, 11 de enero de 2011
Gran Hipocresía del Centro Nacrobiótico Nacional
Marta y sus amigas eran aún adolescentes cuando inauguraron la hamburguesería. Esa tarde, algunas de ellas se maquillaron y pusieron tacones por primera vez. Acudieron emocionadas a la inauguración junto con más de la mitad del pueblo y vieron encenderse el cartel luminoso amarillo y rojo que aún a día de hoy no ha dejado de parpadear. Hoy, que Marta ya es mamá, sigue quedando con algunas de sus amigas cada domingo por la tarde en la misma mesa en la que se sentaron aquel primer día. Los cotilleos, los coqueteos con los chicos de la mesa de al lado, su primer beso y el de muchos... Multitud de recuerdos han quedado ligados a ese local.
A pesar del aluvión de críticas recibidas, el negocio sigue dando beneficios. Son muchos sus detractores, pero quien más o quien menos ha pasado por allí "sólo una vez", "al principio sí pero ahora nunca", "simplemente porque a fulanito le gusta y yo le acompaño" o "por curiosidad, para saber qué tal es".
La apertura del Centro Nacrobiótico tuvo en cambio una crítica inmejorable, aunque con mucho menos bombo. Algunas de las amigas de Marta alabaron todas sus bondades rápidamente. Ya hacía tiempo que se sentían avergonzadas de tantas tardes en el fast-food y no se cortaron en pregonar a los cuatro vientos que eran fieles clientes del nuevo local, pese a que, discretamente, seguían citándose cada domingo en la mesa de siempre. Pertenecían a ese 50% de ciudadanos que afirmaba comprar en Nacrobiotic con regularidad y al 90% que lo situaba como su opción favorita al salir a comer fuera de casa.
Cuando Nacrobiotic cerró y fue sustituido por un servicio 24h de comida rápida, el pueblo entero se indignó. "Parece mentira, qué vergüenza, qué gentuza, no sé quién lo habrá decidido", comentaban mientras untaban una patata en ketchup.
lunes, 20 de diciembre de 2010
Homeleaks

domingo, 5 de diciembre de 2010
Su prejuicio, gracias.

lunes, 12 de julio de 2010
El lado oscuro

Son aquellos que se alegran cuando se rompe el coche de Fernando, o que adulteran la humanidad de Pep, o que devalúan la técnica de Rafael, o que consideran que la arrogancia de Jorge frente a la humildad de Daniel le desmerecen para el éxito, o que añoran arrogantes los tiempos de Miguel y afirman que Alberto no es rival para un tal Lance. Son aquellos que siempre tienen un pero en la boca cuando la selección de baloncesto se alza a la cumbre, que celebran más los fracasos ajenos que los triunfos propios, los que reniegan del espacio que ocupan los deportes en televisión ―cabría preguntarse cuándo una crónica política nos ha proporcionado una felicidad comparable, cuándo nos ha proporcionado felicidad alguna―. Son, también, aquellos que no tienen reparos en juzgar ―prejuzgar― a gente que pone lo que tiene para intentar alcanzar un objetivo ―dudar de su integridad y del trabajo de todos los anónimos que tienen detrás, es una gran falta de respeto―. Son, en definitiva, aquellos que no contemplan la felicidad como un estado social deseable sino como un triunfo individual y vanidoso. Una cura temporal para su inseguridad.
Ayer ―domingo, 11 de julio de 2010―, cuando Andrés marcó el gol, épico, el más importante de la historia del deporte de nuestro país, lo grité con el alma, igual que la gente que me rodeaba en aquel momento. Pero enseguida me recompuse. No había acabado, quedaban dos minutos. No fue hasta que pitó el final que respiré tranquilo. Entonces me di cuenta de lo que había pasado. Éramos campeones del mundo. Se dice pronto. ¡Campeones del mundo! Y entonces, algo inesperado me subió desde el estómago, una congoja de irremediable felicidad. Me brotaron las lágrimas y lloré como un niño. Todavía ahora me emociono sólo de pensarlo. No se trataba sólo de fútbol, de deporte. Hay mucho más. Está detrás, sobre la espalda, presiona en la nuca, y lo llevamos todos. Es nuestra historia, con sus tabúes y miradas desviadas, con la bandera secuestrada, con el escudo institucional escondido detrás del logotipo de una bebida alcohólica, con el mito de las dos españas, la identidad nacional y el estatut, la crisis, la caspa, las castañuelas y los lunares, la siesta y los demás tópicos… De repente, nada importaba. Miraba a mi alrededor y sólo veía amigos.
Entre tanta gente, me pregunté quién faltaba, y me acordé de los del lado oscuro. A la gran felicidad que sentía, se le sumó una ola de compasión. Por ellos. Porque habían decidido no asistir a una fiesta a la que estaban invitados. Porque se lo estaban perdiendo. Y hay cosas que nunca se vuelven a repetir.
viernes, 2 de julio de 2010
Cuando Paula me despierta

Yo me doy la vuelta, despacio. Despego mis legañosos párpados y la oscuridad de la habitación me recibe compañera. «¿Qué hora es?», musito. Pero ella ya se ha incorporado y con desprecio empuja las cortinas: «Que no se interpongan, que se aparten de mi camino. Fuera…».
Fuera, está totalmente nublado y llueve a cántaros. Escucho el constante gorgoteo de las gotas al caer. Parecen golpear los hogares, me las imagino arremetiendo contra los tejados, invadiendo el trance soporífero del despertar. La débil luz del sol que entra por la ventana es suficiente como para herir mis hinchados párpados.
Paula vuelve sobre la cama, salta, bota, me da patadas en el culo y continua hablando. «Desayunaremos e iremos a pasear. Hoy vamos a hacer un montón de cosas». Me muerde por detrás de las rodillas. «Incorpórate». Me empuja desde los hombros. «Tienes que hacer estiramientos. Tus músculos se relajan demasiado mientras dormitas». Se pone de pie, agarra mis muñecas y las estira hacia arriba. Crujen mis huesos. Siento el frío de fuera.
«Está lloviendo», me quejo. «No pienso ir a ningún lado». Me escurro de ella, regreso al colchón y con un gesto perezoso recuperó la sábana y me oculto bajo ella. Cierro los ojos para que nadie pueda verme.
Ella se resiste a rendirse. Vuelve a rebotar, me zarandea. «Despierta. Despierta. Hay muchas cosas que hacer».
Algo murmuro. Un siseo débil e ininteligible que apenas llegas más allá de mis labios. Ya no estoy con ella. Regreso al onírico mundo, al abrazo de Morfeo, a la levedad. A la morfina del sueño.
Paula abre la ventana, deja que que el aire arrastre las frías gotas al interior de la habitación. Fuera, el cielo es de un oscuro azul. Truenos retumban. «Es tan hermoso», dice. «Te lo vas a perder».
«No te duermas».
Pero para mí, es demasiado tarde.
«Por favor, no te duermas».
domingo, 16 de mayo de 2010
Taza y tetera












